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Coincidencias de la vida

Hace ya algunos meses escribí un texto que, si no mal recuerdo, se llamaba: Miradas que matan… o casi. Bien, pues éste texto, es la continuación.
Meses habían pasado ya. Incluso había dejado de buscarla… creo que ésa fue la clave para encontrarla. Siempre encuentras lo que quieres cuando dejas de buscarlo. 
Hoy, antes de la presentación, vi a una chica que me pareció linda. Ojos expresivos; piel clara y tersa; un cuerpo delgado con algo de forma; un vestido que resaltaba su figura; y un cabello largo amarrado en dos tiernas coletas. Esas coletas evitaron ese click en mi cabeza. Sucedió lo mismo que aquella vez: Nos miramos hasta donde pudimos, con una sonrisa en el rostro… rompiendo la conexión porque tenía que irme. 
Nos presentamos. Me jodieron unos amigos. Me despedí de mi grupo. Estaba decidido a irme hasta que (sí) la vi. 
Se repitió una vez más nuestra rutina de miradas. Pero ésta vez no iba a dejar que se me fuera de las manos. Ella estaba ahí y ésta vez yo no tenía a alguien que me dijera “Hey, ya vámonos”. Y así fue. Me hice pendejo comprando unos pockys. Fui al baño para limpiarme el sudor. Se me perdió por un momento hasta que la vi de nuevo y (una vez más) se repitió nuestra rutina… con una ligera diferencia: Con la cabeza le hice señas de que viniera. 
Y así fue. Se acercó, y por muy raro y chocante que haya sonado, no se me ocurrió otra cosa que decir: “Dime, ¿De dónde te conozco? Sé que te he visto antes, pero no recuerdo de donde”. En ese momento, TODO se aclaró en mi mente… ella era la chica que vi en La Rotonda
Entonces, con un par de comentarios muy idiotas por parte de ambos empezamos a platicar. Coincidencias, como siempre.
Resultó ser algo extrovertida pues no dudaba en alocarse; linda como un conejo; tenía ese algo en su mirada que me atrajo nuevamente. Ésta vez, la pude analizar más detenidamente. 
Así pues, intentamos salir de la expo. Llovía, por lo que le dí mi chamarra y yo me puse mi saco. La lluvia era demasiada como para caminar, y regresamos una media hora… cuando decidimos salir, la lluvia había cesado y agarramos camino a un Oxxo para comprar algo que postrear. Mi mente voló mil y un kilómetros. Para ese momento la plática fluyó por cuenta propia. Resultamos tener muchas cosas en común. Me terminó contando un par de detalles personales. Hizo que mandara a la verga mi regla de “No menores de 17"… (no diré más).
Pasé al rededor de 2 horas con ella. La llevé a su casa a pie (a decisión de ella). Me presentó con lo que vendría siendo su nana.

Para este punto, no sé que más decir. No hice nada pues, aún no era el momento. Conseguí su facebook, sí. Ambos nos quedamos con una sensación de “esta noche debe seguir, pero ambos sabemos que no debe ser así”. Éso debido a los detalles personales que me contó. 

Ahora sé donde encontrarla. Sé su nombre, su edad, escuela, e incluso dónde vive. La chica de la mirada matadora, sigue siendo así, pero ya no es una desconocida. 

”-Érase una vez una ciudad que quiso cambiar de color, una fecha llena de promesas y un muchacho cargado de ilusiones; la ciudad era Madrid, la fecha, 1981 y el muchacho era yo. Para mí, un chavo de pueblo, vivir en la ciudad era vivir en el lugar donde los sueños se cumplen. En lugar de pastos, había bares y conciertos; en vez de campesinos, fotógrafos y cineastas; en lugar de silencio, había música. En mi cabeza sólo había espacio para una sola idea, formar mi propia banda y tocar mis propias canciones. Mi amigo Colate me acompañará en esta aventura, aunque espero que no se raje porque últimamente lo único que me dice, es…
-#HoyNoMePuedoLevantar”
#HNMPL #Xalapa

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